Amador pasea por porvenir, Jonathan García Ayala

Inauguración sábado 6 de junio, 12h-20h
Opening Saturday, June 6, 12pm-8pm

6 de junio - 25 de julio de 2026 | June 6th - July 25th
jueves a sábado, 12h-15h | Thursday to Saturday, 12pm-3pm

Mar Báltico 24, Nextitla, Miguel Hidalgo, 11420 CDMX (Metro Popotla)

guadalajara90210 y La Guerrera presentan Amador pasea por porvenir, la primera exposición individual de Jonathan García Ayala, curada por Bruno Enciso.

“Y miraré hacia abajo y veré mis huesos que se quejan y el agua profunda como el viento, como un lecho de viento, y después de mucho tiempo nadie podrá distinguir ni los huesos sobre la solitaria e inviolada tierra.” William Faulkner, en El ruido y la furia.

I

La primer exposición individual de Jonathan García Ayala (MX, 2000) presenta su trabajo más reciente: una serie alrededor de Amador, un monstruo de naturaleza humanoide en cuya incesante descomposición corporal procesa y da lugar a una serie de problemáticas alrededor de la pintura y del paisaje Tlahuaquense que el artista habita en su cotidiano.

Monstruos, fantasmas y otros arquetipos de lo siniestro son temas que Ayala ha trabajado desde hace varios años. En series anteriores, podemos encontrar a estos monstruos protagonizando escenas anómalas, en las que su propia naturaleza se ve confrontada por situaciones espaciales-emocionales que desplazan el horror que habría de caracterizarles. La insistencia en la producción de monstruos concebidos en imaginarios popularizados por el cine y la cultura visual eventualmente produjo en el artista preguntas más profundas alrededor de los orígenes conceptuales del asunto y su posible entronque con exploraciones más cercanas a su entorno. ¿Qué implica la creación de un monstruo? ¿Qué agencia se tiene frente a los monstruos que unx crea? Amador le ha demandado a Jonathan la construcción de nuevos marcos para atender estas preguntas desde su propia obra.

La aparición de este monstruo contempla un sentido “clásico” (inevitablemente moderno) de índole literaria, en el que la relación entre la criatura y su origen ofrece una aproximación específica al espíritu de su tiempo. Se trata de pensar que la criatura no es una ocurrencia inocente ni derivada de una inventiva entusiasta, sino una producción tormentosa e incluso indeseable, que trastoca los límites de una configuración sociocultural específica y que de algún modo condena a la inteligencia creadora, dentro y fuera de la ficción.

En otro sentido, los orígenes modernos del asunto se actualizan a través de fuerzas contemporáneas que arrojan nuevos matices. El monstruo ya no puede cumplir una función antagónica convencional porque el horror que le ha originado se ha integrado por completo al entorno desde antes de que avistáramos su presencia. Tampoco es completamente abyecto, su apariencia surge en medio de las ruinas de paradigmas visuales estropeados y de discusiones sobre lo que la pintura habría de conservar o arriesgar. No ha sido concebido para asustar a nadie, aunque sí despide un perfume fétido y angustioso.

Tras una serie de decisiones que son tanto muestras de ambición como medidas de emergencia ante la monstruoso, Jonathan ha extendido su pacto con la pintura hacia otros medios como el grabado y el pastel seco. En cada medio ensaya una visualidad concreta al mismo tiempo que diversifica hábilmente los canales para narrar el encuentro con Amador, que puede ser novela pero también canción.

Precisamente: Amador no es meramente un personaje en espera de una relato que explique su origen y sus complejidades. Carga en sus entrañas un embrollo pictórico que mordisquea los límites filosos entre el dibujo y la pintura.  En todo caso, es un shapeshifter.
En ocasiones el cuerpo doliente de un pueblo viejo parasitado por una ciudad enferma. El amigo imaginario de un perro roñoso, cuyo alarido acompaña el regreso a casa. El salpullido que te invade si pasas mucho tiempo en la fábrica de huesos. Un insólito tono de morado en el cielo, sólo visible desde el cerro de Tláhuac. El espíritu podrido del retrato de un monarca, pintado hace 400 años. El porvenir no es una estancia en el tiempo como sí el lugar por el que Amador avanza sin saber a dónde va, apenas movilizado por la fuerza de su metabolismo miserable que nunca deja de procesar las desgracias del presente.

Jonathan es un pintor diligente y un artista lúcido. Su experiencia como asistente de otros pintores no sólo le ha permitido desarrollar una relación sensible con las habilidades técnicas del oficio, sino que ha podido cotejar distintos sentidos de proceso y de composición para construir uno propio. De insaciable curiosidad, gestiona minuciosamente cientos de referencias de artistas vivos y muertos para producir una polifonía que converse con sus propios deseos. Los monstruos y sus problemas centenarios le ayudan a contener la pulsión ansiosa que le demanda a la pintura ser una milagrosa fuente de novedades. Y es que su relación con la pintura puede llegar a ser muy confrontacional; si bien le permite embestirlo, tampoco dudará en hacerle un reclamo o en recordarle que ella misma no está tan viva como cree. Lo más probable es que, se dedique a retratarlo o no, Amador le ayude a modular su relación con ella, pagando el costo de inhalar en cada encuentro una dosis de horror.

Bruno Enciso, curador.

 

Artist statement
Siempre he vivido en la Ciudad de México, la Ciudad Monstruo, caótica, enorme y contradictoria, ahora, específicamente en Tláhuac. He pasado tanto tiempo en la Ciudad Monstruo que siento que de alguna manera, yo mismo me he convertido en monstruo. Vivo en la calle de la fábrica de huesos, “Porvenir" es su nombre. El hueso es una marca de algo que vivió, pero de la cual sólo permanecen sus restos. La pintura para mi es algo así, es una materia que en el momento en que se seca sobre una superficie muere y permanece ese resto. En esos espacios medio muertos y estériles, como la calle donde vivo, encuentro mi intimidad y mis placeres.