Cáscaras, Jonathan Miralda Fuksman
24 de enero - 28 de febrero de 2025 | January 24th - February 28th
jueves a sábado, 12h-15h | Thursday to Saturday, 12 - 3 PM
Mar Báltico 24, Nextitla, Miguel Hidalgo, 11420 CDMX (Metro Popotla)
[ES]
Como casi todo en la obra de Jonathan Miralda Fuksman, los edificios y fragmentos de barrio que retrata responden a una cuestión autobiográfica. Manzanas encerradas en una ciudad que vive entre ejes, con ochavados, callejones y diagonales; construcciones con una acusada caja de ascensor, viviendas regordetas, chaparras, racionales o tímidamente posmodernas.
Con solo mirar la estructura intuimos lo que sucede en su interior: mesas de estudio sostenidas sobre burros de madera, un tanque de gas en la esquina, caguamas vacías y amantes inmersos en una tórrida cotidianeidad. Las vistas desde esos espacios no dejan indiferente a nadie: atardeceres entre más edificios, un mar de tinacos a contraluz, o algún paseante deambulando sobre “la quinta fachada”.
Los volúmenes de Miralda Fuksman funcionan como dibujos tridimensionales; traducen de manera precisa la obra gráfica del artista, reproduciendo las finas curvas que normalmente traza con largas reglas, ahora materializadas en delgadas varillas de acero que responden a su lenguaje con misma proporción y gracia.
Interesado inicialmente por los juguetes de carrizo y los toritos —usualmente utilizados en pirotecnia—, sus construcciones evolucionaron de la ligereza y maleabilidad de ese material hacia el acero, que reproduce de manera más fiel su lenguaje. De forma natural surgen pequeños animales que hacen eco de esa artesanía y que, al igual que la arquitectura, se sostienen desde un exoesqueleto que contiene un cuerpo denso de memorias. Aunque, a primera vista, solo se nos ofrece su cáscara.
Enrique Giner de los Ríos
[EN]
As with almost everything in Jonathan Miralda Fuksman’s work, the buildings and neighborhood fragments he portrays respond to an autobiographical question. Blocks enclosed within a city that lives between axes, with chamfered corners, alleyways, and diagonal streets; buildings with prominent elevator shafts, squat, squat, rationalist, or timidly postmodern dwellings.
Just by looking at the structure, we intuit what happens inside: study tables propped up on wooden trestles, a gas tank on the corner, empty beer bottles, and lovers immersed in a torrid daily life. The views from these spaces leave no one indifferent: sunsets among more buildings, a sea of water tanks backlit, or a passerby wandering on “the fifth facade”.
Miralda Fuksman’s volumes function like three-dimensional drawings; They accurately translate the artist’s graphic work, reproducing the delicate curves he typically traces with long rulers, now materialized in slender steel rods that respond to his visual language with the same proportion and grace.
Initially interested in reed toys and small bulls—commonly used in fireworks—his constructions evolved from the lightness and malleability of that material to steel, which more faithfully reproduces his artistic language. Small animals naturally emerge, echoing this craftsmanship and, like architecture, supported by an exoskeleton containing a dense body of memories. Although, at first glance, only their shell is visible.
Enrique Giner de los Ríos