Semillas de Fuego [Seeds of Fire], Amandine Guruceaga
7 de marzo - 11 de abril de 2026 | March 7th - April 11th
jueves a sábado, 12h-15h | Thursday to Saturday, 12 - 3 PM
Mar Báltico 24, Nextitla, Miguel Hidalgo, 11420 CDMX (Metro Popotla)
[ES]
Semillas de Fuego
El universo —que incluye todo el espacio, el tiempo y la energía— se condensó en una entidad extremadamente caliente, de volumen cero y densidad infinita, llamada singularidad. (Teoría del Big Bang)
En un mundo en el que el fuego convulsiona poblaciones y paisajes —ya sea por la erosión derivada del calentamiento global, por las guerras que reducen ciudades a cenizas o incluso, como hemos vivido en México, por los camiones incendiados que bloquean las carreteras— resulta pertinente reflexionar sobre la naturaleza del fuego como principio además de final: un elemento que consume la materia y la devuelve al carbón, sustancia primordial para la regeneración de los suelos y semilla de un nuevo ciclo.
Amandine Guruceaga toma el fuego como principio del mundo: el elemento que dio origen a nuevas civilizaciones y símbolo de regeneración de una era que se destruye mientras otra se inicia en direcciones desconocidas.
Inspirada por las plantas pirófitas —especies adaptadas a resistir, sobrevivir o incluso requerir incendios forestales para completar su ciclo vital— Guruceaga explora la alquimia de los materiales —el cobre, el fuego, las telas y el agua— en la creación de una botánica imaginaria que combina la apariencia suave de telas infladas por espumas con los filos de hojas realizadas en láminas de cobre coloreadas por el fuego.
Con un claro dominio de la técnica, tanto en el metal como en las telas, Guruceaga responde a la espontaneidad de los procesos sin controlar completamente las formas finales. Mediante el uso de espumas que se endurecen para rellenar sus esculturas, de pigmentos a base de agua que deja correr sobre las telas y del cobre que somete al esmeril y al soplete, las obras surgen de la adaptación de materiales que contrastan la suavidad con los filos en una coexistencia íntima.
Las formas, integradas en paisajes ilusorios de colores ácidos, salen del plano y adquieren un protagonismo que rompe la barrera entre pintura y escultura. Como seres autónomos, a veces las encontramos de pie sobre pedestales o suspendidas en los lienzos, amalgamando su cualidad metálica con los tonos de la acuarela. Símbolos de la capacidad de resurgir tras la destrucción y de adaptarse a la supervivencia en un mundo distinto, estos seres surgidos de la alquimia del fuego representan las semillas de una nueva era.
Guadalupe García Miranda
[EN]
Seeds of Fire
The universe — encompassing all space, time, and energy — condensed into an extremely hot entity of zero volume and infinite density known as a singularity.
(Big Bang theory)
In a world where fire convulses populations and landscapes — whether through the erosion driven by global warming, through wars that reduce cities to ashes, or even, as we have experienced in Mexico, through burning trucks used to block highways — it becomes pertinent to reflect on the nature of fire not only as an ending but also as a beginning: an element that consumes matter and returns it to carbon, a substance fundamental to soil regeneration and the seed of a new cycle.
For Amandine Guruceaga, fire becomes the principle of the world: the element that gave rise to new civilizations and a symbol of regeneration, the end of one era from which another begins, unfolding toward unknown directions.
Inspired by pyrophytic plants — species adapted to resist, survive, or even require forest fires to complete their life cycle — Guruceaga explores the alchemy of materials — copper, fire, fabric, and water — in the creation of an imaginary botanical world that combines the soft appearance of fabrics inflated with foam with the sharp edges of leaves formed from copper sheets colored by fire.
With a clear mastery of technique, both in metal and in fabric, Guruceaga responds to the spontaneity of processes without fully controlling their final forms. Through the use of foams that harden to fill her sculptures, water-based pigments that she allows to flow across the fabrics, and copper that she subjects to grinding and blowtorching, the works emerge from the adaptation of materials that contrast softness with sharp edges in an intimate coexistence.
The forms, integrated into illusory landscapes of acidic colors, emerge from the picture plane and assume a prominence that breaks the boundary between painting and sculpture. Like autonomous beings, we sometimes find them standing on pedestals or suspended on canvases, merging their metallic qualities with the tones of watercolor. Symbols of the capacity to rise again after destruction and to adapt to survival in a different world, these beings born from the alchemy of fire represent the seeds of a new era.
Guadalupe García Miranda