El Espacio entre Nosotros, Sandra Del León Torres
27 de septiembre - 20 de diciembre de 2025
jueves a viernes, 15h-19h y sábado, 11h-15h
Calle Mexicaltzingo 1343, Americana 44160 Guadalajara, Jal.
[ES]
La ligereza con la que clasificamos el trabajo artístico es una de las prácticas más simplistas del presente. Pongo como ejemplo la ingenua aceptación que existe en relación con el tiempo, el artista y su obra. Pensamos que toda obra es resultado del contexto de quien la realiza, del devenir de su experiencia personal dentro de la historia colectiva… pensamos que todo lo privado es político, público o qué se yo… Sería bastante divertido que un científico abanderara todas estas excusas para validar una tesis acerca de tal o cual descubrimiento.
Pensemos en el arte como algo más frío, pensemos en la obra como si fuera una ecuación en la que coinciden muchos factores. Digamos que la obra opera dentro de algo que le llamamos espacio de representación. Pongamos que el artista escoge desplazar los objetos trabajados dentro de una habitación, una calle, una sala de museo o la cuadrícula virtual… da lo mismo, la obra ocupa un espacio y ese espacio alberga un dispositivo creado para entablar un contacto con el espectador; la obra es una revelación imprecisa de una realidad, pero no habla acerca de una realidad uniforme.
La obra se mueve entre la intuición, el objeto, la experiencia y la causalidad. Así, “El encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas” que es un fragmento muy citado del libro Los cantos de Maldoror de Lautreamont advierte que dentro de todo caos existe una infinita cantidad de aciertos poéticos, porque la poesía también está sujeta al orden de las probabilidades. La relación entre elementos inconexos es la alquimia generadora de poesía.
Sandra de León Torres me dio una explicación técnica del material que seleccionó para las piezas que incluye en su actual proyecto, El espacio entre nosotros. Se trata de una combinación de látex y petróleo. Al igual que en la cita del famoso poema del siglo XIX, los objetos no son una herramienta sino un “actor”, como ella misma lo explica. Al utilizar este sustantivo, puedo comprender que este caucho endurecido es algo con vida que juega un rol dentro del montaje. Sandra me extiende su explicación: el látex nace de la extracción de ciertas plantas, pero termina siendo la materia prima para la creación de neumáticos entre un sinfín de productos industriales. El petróleo se extrae y es la sangre misma de la industria, un material con innumerables aristas que terminan hasta en lo político, no son pocas las ocasiones en las que el control del petróleo nos ha puesto al borde de atrocidades y guerras. La intersección de ambos dentro de una escultura es por demás sugerente. En nuestra conversación, Sandra me explicaba que esta aleación de materiales también posee una peculiaridad, es muy usada para construir túmulos, es decir, advertencias en el camino, deformidades en el asfalto para reducir la velocidad y pausar.
Conozco como pocos la obra de Sandra de León Torres, me he ocupado de documentarla con mucha atención. Sus ideas parecen soluciones sencillas, pero esa sencillez casi taoísta hace que sus esculturas posean el poder de un silencio imperecedero. Es como un alfabeto o una escritura cifrada, como la señalética que conduce a un umbral de emociones intensas que se entrecruzan, su obra ocupa de los espacios baldíos de las emociones y de las experiencias que se guardan muy dentro de los rincones que habitamos.
En esta ocasión percibo una sustancia de silencio o de ausencia. La separación entre los elementos opuestos que alguna vez coincidieron y que hoy se encuentran en planos distintos observándose entre la pausa y el camino que continúa. Son objetos creados para encontrarse a distancia, en un equilibrio entre el lugar que los exhibe y el vacío que los separa.
Javier Payeras, México, septiembre 2025
[EN]
The ease with which we classify artistic work is one of the most simplistic practices of the present. I will use as an example the naive acceptance that exists regarding time, the artist, and their work. We think that every work is the result of the context of the person who creates it, of the course of their personal experience within the collective history… we think that everything private is political, public, or who knows… It would be quite funny if a scientist carried all these excuses as a banner to validate a thesis about this or that discovery.
Let us think of art as something colder; let us think of the work as if it were an equation in which many factors coincide. Let us say that the work operates within something we call a space of representation. Suppose the artist chooses to relocate the objects worked on inside a room, a street, a museum hall, or the virtual grid… it does not matter, the work occupies a space and that space houses a device created to establish contact with the spectator; the work is an imprecise revelation of a reality, but it does not speak about a uniform reality.
The work moves between intuition, object, experience, and causality. Thus, “The Fortuitous Encounter of a Sewing Machine and an Umbrella,” a fragment frequently cited from Lautréamont’s Maldoror, warns that within every chaos there exists an infinite number of poetic successes, because poetry is also subject to the order of probabilities. The relationship between incongruous elements is the alchemy that generates poetry.
Sandra de León Torres gave me a technical explanation of the material she selected for the pieces included in her current project, The Space Between Us. It is a combination of latex and petroleum. Just as in the quotation from the famous 19th-century poem, the objects are not a tool but an actor, as she herself explains. By using this noun, I can understand that this hardened rubber is something with life that plays a role within the installation. Sandra extends her explanation: latex comes from the extraction of certain plants, but ends up being the raw material for the creation of tires among an infinity of industrial products. Petroleum is extracted and is the very blood of the industry, a material with innumerable facets that culminate even in the political; there have been many occasions when control of petroleum has put us on the edge of atrocities and wars. The intersection of both within a sculpture is, to say the least, suggestive. In our conversation, Sandra explained to me that this alloy of materials also has a peculiarity: it is widely used to build speed bumps, that is, warnings on the road, deformities in the asphalt to slow down and pause.
I know Sandra de León Torres’s work as few people do; I have taken care to document it with great attention. Her ideas seem simple solutions, but that almost Taoist simplicity gives her sculptures the power of an ever-present silence. It is like an alphabet or a coded writing, like the signage that leads to a threshold of intense emotions that intertwine; her work occupies the barren spaces of emotions and of experiences that are kept very deep in the corners we inhabit.
On this occasion I perceive a substance of silence or absence. The separation between opposite elements that once coincided and today exist on different planes, observing each other between the pause and the path that continues. They are objects created to meet at a distance, in a balance between the place that exhibits them and the emptiness that separates them.
Javier Payeras, México, September 2025